Humberto Ortega frente de una pintura de César Augusto Sandino, el 01 de enero de 1990.
Humberto Ortega frente de una pintura de César Augusto Sandino, el 01 de enero de 1990.William Gentile (Corbis via Getty Images)

A finales de diciembre, Humberto Ortega Saavedra (Managua, 76 años), otrora jefe del Ejército sandinista, recibió una visita que no esperaba en su casa de la capital nicaragüense, donde se recuperaba “de la última insuficiencia cardiaca, aunque nunca he tenido un infarto”, asegura. Al frente de aquella caravana de un kilómetro de largo, como la describe el general retirado, estaba el presidente del país, su hermano mayor, Daniel Ortega. Hacía tiempo que no se veían. No han sido pocas las descalificaciones que se han proferido en los últimos tiempos, la distancia que han marcado y, a la vez, sigue permeando la incógnita del peso de sus conversaciones, de la ascendencia de exgeneral sobre el antaño revolucionario ahora devenido en autócrata. Semanas después del encuentro, Ortega liberó a 222 presos políticos, los desterró y despojó de su nacionalidad, para después hacerlo con 93 más. No pocos piensan que la liberación fue un reclamo de algunos mandos militares a los que Humberto Ortega puso voz.

No obstante, cuesta descifrar de las palabras del exgeneral durante la hora larga de conversación por videollamada esta semana si tiene una buena o mala relación con el presidente o si, como repite, son hermanos con “sus propias particularidades” y a los que les une algo insondable. Lo critica, sí, pero no deja de acumular ataques contra la oposición que, dada la deriva del país, terminan por resultar exculpatorios para Ortega.

La dirigencia del FSNL Daniel Ortega, Humberto Ortega, Bayardo Arce Castaño y Jaime Wheelock, en 1984.
La dirigencia del FSNL Daniel Ortega, Humberto Ortega, Bayardo Arce Castaño y Jaime Wheelock, en 1984.Vincent FOURNIER (Gamma-Rapho via Getty Images)

Los críticos con el régimen desconfían de la figura conciliadora que muestra Humberto Ortega, un superviviente nato. Esta semana escribió un artículo en La Prensa, de Nicaragua, en el que llamaba a una “tregua santa”. El exgeneral no ceja en la idea de apostar por una negociación que desemboque en un acuerdo para las elecciones de 2026. “Es un poco difícil mi posición”, admite Humberto Ortega antes de describirla: “Es lo que yo llamo el centrismo, no porque quiera buscar un movimiento político de centro, sino una actitud que logre equilibrios”.

Pregunta. ¿Cómo es la relación con su hermano, el presidente Daniel Ortega?

Respuesta. Mi relación con Daniel es la de siempre, respetuosa y fraterna, una relación donde tratamos de articular cada uno lo que piensa. Siempre hemos tenido distintos puntos de vista sobre algunos asuntos, yo tomo mis decisiones y él las suyas. Me visitó acá en mi casa, conversamos durante tres horas a solas y nos vino a fortalecer ese lazo humano que tienen dos hermanos que son los únicos sobrevivientes de toda la familia.

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P. ¿Es cierto que usted le planteó a su hermano la necesidad de liberar a los presos políticos?

R. Él vino preocupado por mi insuficiencia cardíaca. Pero no ocultó que venía a verme, se mueve con una caravana de un kilómetro de largo, era imposible ocultarlo. Claro que pudimos haberlo hecho sin que nadie se enterara, tenemos experiencia en el clandestinaje y perfectamente pudo haber llegado disfrazado en una moto, pero no. Lógicamente, no solo vamos a hablar de eso [de sus padecimientos]. Pero es importante dejar bien claro que Daniel puede escuchar un buen consejo de cualquiera, que le guste o no, pero al final él decide lo que va a hacer.

P. ¿Se considera partidario del Gobierno de Daniel Ortega?

R. Yo no soy partidario del Gobierno, ni del Frente Sandinista ni de ningún partido de la oposición. En fin, no soy partidario de ninguna de las fuerzas que actúan en la contradicción política por la lucha del poder en Nicaragua. Me he venido proyectando como una especie de personaje que, por su trayectoria histórica, opina sobre diferentes temas. Como hago con las conversaciones privadas que tengo con diferentes personajes de la oposición o del Gobierno, como el propio Daniel, ya no como hermano, sino como presidente.

P. Usted ha escrito que la liberación de los presos abre una nueva etapa. A esos 222 presos se les expulsó y quitó la nacionalidad, y después a 93 más. La oposición creíble ha dejado de ser nicaragüense. ¿A qué etapa se refiere entonces?

R. Es un reto. Todo eso que usted dice es cierto, ha pasado y también que el Gobierno tiene otro discurso sobre las cosas que dice que le están incumpliendo. Mientras no haya una forma de superar esa total falta de comunicación entre dos que se están negando yo no veo cómo se pueden montar en un diálogo, una negociación que pueda producir un acuerdo. Yo lo que trato es no tanto de estar lamentándome de lo que pasó, sino de ver cómo no vuelva a pasar nunca y que Nicaragua no se derrumbe de nuevo. Hay algunas fuerzas que dicen que no se puede negociar con un Gobierno que es criminal, que está acusado de crímenes de lesa humanidad, un montón de cosas. Y el Gobierno dice también que ellos [la oposición] son los que causaron la situación en el 2018. No veo que haya otro camino más que buscar de nuevo el encuentro.

P. Pero no son actitudes equiparables. Un diálogo como el que usted propone solo es útil para volver a un sistema democrático. ¿Usted cree que al presidente, a su hermano Daniel Ortega, le interesa restablecer un sistema democrático?

Humberto Ortega, durante una conferencia en Managua el martes 07 de agosto de 2012.
Humberto Ortega, durante una conferencia en Managua el martes 07 de agosto de 2012.mario lópez (EFE)

P. Hay situaciones en las que ya no se trata de seguir imponiendo lo que uno quiere, sino lo que uno debe, aunque no quiera. Es el jefe de Estado, el presidente, quien debe tener la iniciativa de buscar una forma de comunicación para generar un diálogo con los mismos opositores a los que ha negado el espacio. Para buscar un diálogo tendrá que rectificar todos los excesos, esta situación en que ha colocado a la oposición, porque con ella excluida no puede haber ningún acuerdo de cara a las elecciones de 2026. Si no rectifica, le va a ser muy difícil continuar, se va a aislar y va a ser difícil poder gobernar. Aquí hay problemas serios, de todo tipo, sociales, económicos, de desempleo, de canasta básica. Que él o el partido quieran mantener el rumbo que hasta hoy ha mantenido ya no es posible.

P. Y entre todos esos problemas también hay una falta de democracia.

R. Aquí lo que no hay es democracia. La posibilidad de tener democracia en Nicaragua nace cuando cae Somoza y se legitima con la constitución política de 1987. Ese acuerdo que hicimos con la Contra odiándonos, con los fusiles aún humeantes, los nuestros y los de ellos, donde tuvimos que soltar a los prisioneros que bombardeaban las ciudades, a los torturadores que, en mi caso, mataron a un hermano. Tuvimos que soltar a esa gente porque la gente de la Contra lo pedía. Y yo dije: “Bueno, no se trata de matar a todos los somocistas, sino al somocismo como fenómeno”. Después vino la elección de doña Violeta [Chamorro] y hasta ese momento se comienza a forjar el rumbo de lo que hoy llamamos revolución democrática. Eso todavía está por hacerse. Actualmente, hay una dirigencia que vino de aquellas luchas, que se ha salido del rumbo democrático y que está marcando un autoritarismo que no es correcto, como también es un desastre la posición de opositores políticos que no quieren ninguna negociación porque están esperando que el Gobierno se derrumbe totalmente y que por sí solo se desplome.

P. Sergio Ramírez o Dora María Tellez, que fueron compañeros suyos durante aquella revolución, son 2 de las más de 300 personas a las que se les ha despojado de la nacionalidad. ¿A usted eso qué le parece?

R. Eso es totalmente arbitrario y desproporcionado. No solamente a ellos, sino a cualquiera, al más sencillo campesino. Eso no es por lo que luchamos, por lo que murieron decenas de miles para botar a Somoza. No era para poner un sistema autoritario, era para realmente hacer una democracia nueva. Pero tampoco fue perfecta la democracia durante doña Violeta, ni tampoco con el doctor Alemán ni con Enrique Bolaños. Últimamente, se ha empantanado más. Entonces, ¿qué planteamos? ¿Una guerra? No podemos llegar a una situación de caos y que después de los escombros se vengan a resolver las cosas. Aquí todavía está la mayor parte de la sociedad nicaragüense. No se ha ido, no ha emigrado, la mayoría vive aquí y con problemas económicos, de carencia en la vida…

P. ¿Hasta dónde cree que llega el poder de Rosario Murillo sobre Daniel Ortega?

Humberto Ortega, a la izquierda y su hermano Daniel Ortega, llevan el ataúd de su madre Lidya Saveedra, cubierto con una bandera sandinista, en la Catedral Metropolitana, Managua, Nicaragua. El miércoles 4 de julio de 2018.
Humberto Ortega, a la izquierda y su hermano Daniel Ortega, llevan el ataúd de su madre Lidya Saveedra, cubierto con una bandera sandinista, en la Catedral Metropolitana, Managua, Nicaragua. El miércoles 4 de julio de 2018.ARIEL LEON (AP)

R. Rosario Murillo tiene el peso que Daniel Ortega le quiera dar. Públicamente ha dicho, aunque no sea constitucional, que para él ella es copresidenta. Está diciendo que ahí mandan él y ella. No hay que investigar mucho.

P. ¿Y qué le parece el peso que tiene ella?

R. Mire, ahí el fundamental es Daniel Ortega, por eso yo nunca menciono a nadie más que a él, porque sin Daniel Ortega no hay nadie que pueda sostener esta situación en Nicaragua. Yo siempre hablo de Daniel Ortega, sin tratar de irrespetarla a ella, porque él es responsable de lo que pasa en Nicaragua. Yo no puedo estar viendo el lente a través de ella.

P. ¿Usted se imagina una Nicaragua gobernada solamente por Rosario Murillo?

R. Yo recuerdo que el famoso Comandante Cero, Edén Pastora, dijo en una ocasión que ella no podía ser la sucesora impuesta en el movimiento sandinista. Yo pienso que sería muy difícil, muy complejo. Hasta ahora le da toda la fuerza y tiene su derecho, pero veo muy difícil pensar en una situación con ella sola al frente.

P. Usted es un gran conocedor del Ejército de Nicaragua. Se van a cumplir cinco años de las protestas de 2018. ¿Cómo calificaría la represión por parte de los uniformados?

R. No hubo una represión planificada para ir a matar…

P. Hubo más de 300 muertos….

R. Sí, pues sí, si eso ya está claro. Pero los muertos se fueron dando en el camino, no de una sola vez. ¿Qué es lo que hubo aquí? Para mí, un exceso del Estado, que no supo manejar correctamente la situación.

P. ¿Y por qué nunca fueron juzgados los paramilitares?

R. Eso es lo que hay que ir a ver a una negociación. Lo práctico sería hacer una comisión de la verdad desde los ochenta hasta la actualidad, porque aquí hay quien cree que todos tenemos que ser juzgados.

Captura de video, durante la entrevista con Humberto Ortega en marzo de 2023.
Captura de video, durante la entrevista con Humberto Ortega en marzo de 2023.

P. Pero es que tras las protestas fueron encarcelados centenares de personas, todos opositores, pero ni los cargos militares, policiales ni los paramilitares fueron juzgados nunca. ¿Por qué?

R. Eso es lo que hay que arreglar, pero no se puede ver en el sentido de venganza y odio, hay quien quiere ver en una hoguera y ahorcados a Daniel Ortega y Rosario Murillo. No vamos a dar ese espectáculo de circo. Eso no nos lleva a nada. Yo no estoy tolerando al Gobierno o al Estado y sus excesos. Yo no soy juez para estar condenando a nadie. ¿Usted cree que el problema de Nicaragua se resuelven matando, como quieren estos, a Ortega, Murillo y a los que consideran los responsables? ¿Así va a haber una democracia?

P. Lo que yo le planteo es que la mayoría de los muertos solo fueron de un lado y los que lo causaron estaba del lado del Gobierno.

R. Sí, sí, correcto. También el Estado manejó mal la situación.

P. ¿Qué le parece la persecución contra la Iglesia y que monseñor Álvarez esté preso?

R. Ya he dicho que debería ser libre. Enfrentarse con la Iglesia como lo está haciendo, es un error político. Yo no te puedo decir si es porque es anticatólico, porque ahora es evangelista o que es cualquier otra cosa. Eso no importa. Enfrentarse a la Iglesia, más en América Latina, en Nicaragua, es un error. El sentimiento cristiano, católico, es muy profundo.

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