El príncipe Federico de Dinamarca, de 55 años, se convertirá en rey el próximo 14 de enero. A partir de ese día será llamado Federico X y ascenderá al trono de una de las monarquías más antiguas del mundo que se remonta a los legendarios reyes vikingos: los caudillos absolutos de los territorios que acabarían formando el reino danés, que incluye hoy las Islas Feroe y Groenlandia, en el Atlántico.

La abdicación de su madre, la reina Margarita, de 83 años, anunciada este domingo después de medio siglo en el trono, lanza a su heredero a primera línea. Asumir la corona y su función simbólica y de representación del país implicará reajustes en el estilo de vida relajado del que Federico ha gozado hasta ahora —incluida una escapada reciente a Madrid, donde se vio con Genoveva Casanova, exnuera de la fallecida duquesa de Alba—. El futuro rey, muy popular entre los daneses, al igual que su madre, asume la jefatura del Estado y también será la cabeza de la Iglesia Evangélica Luterana de Dinamarca.

El próximo 14 de enero se cumplen 52 años de la subida al trono de la reina Margarita II. En 2022, durante el 50 aniversario de su reinado, el príncipe Federico aseguró en un discurso que, llegado el momento, estaría listo. “Guiaré la nave y te sucederé como tú hiciste con tu padre [el rey Federico IX]”, fueron sus palabras.

La promesa de continuidad y respeto por la institución que está a punto de representar tiene lugar en un país donde el republicanismo es residual. “Solo un 15% de la población es republicana y ello se debe a que los daneses han unido su identidad como país pequeño a la presencia de una monarquía antigua y respetada”, dice Sebastian Olden-Jorgensen, historiador y experto en la Casa Real, de la Universidad de Copenhague. En conversación telefónica, añade que la monarquía “es inmensamente popular” y la abdicación de la reina no es un intento de resolver tensiones o contener escándalos en el seno de la familia real. “Creo que es una reacción lógica a que su salud está fallando. Tal vez podría mantener las apariencias durante un tiempo, pero ha visto su propia fragilidad. Aunque la retirada es una novedad en Dinamarca, hay muy poca gente que crea que la reina está obligada a seguir”.

Según Olden-Jorgensen, el éxito actual responde a que ha habido una “línea de reyes varones competentes, y luego la reina Margarita, que han estado a la altura de su función y han adaptado con cuidado la monarquía con el tiempo”. Compara la institución con una empresa familiar que acumula su fortuna —entendida aquí como reputación y buena voluntad— con los años. “Mantenerla depende de los miembros de la dinastía y, aquí, la familia real danesa ha sabido comportarse. En el fondo, todo depende de la personalidad y eso es como una lotería. Igual que en la vida de cualquiera”. ¿Qué opina, entonces, de la presencia del futuro rey danés en España y junto a una mujer que no es su esposa, la princesa Mary? “Parece que los daneses se han entretenido con esta historia [destapada por la revista Lecturas] pero no lo consideran grave. Ha sido una estupidez por su parte y, si ha sido solo una vez, la gente perdonará y olvidará”.

Que el príncipe pasara la noche en la casa de Genoveva Casanova y esperase solo en la calle a que un coche fuera a recogerle le parece “parte de su estilo informal, y tendrá que ser más prudente y digno como rey”. “Gran parte del éxito del príncipe entre sus compatriotas es su comportamiento poco rígido y deberá madurar en este terreno”, asegura. Al mismo tiempo, recuerda que la princesa Mary puede actuar de contrapeso “porque ella lleva la dignidad como enseña, es respetada y mueve a la monarquía hacia causas como la defensa de la comunidad LGTBI y la conservación del clima”. Su esposo, mientras, “parece más interesado en el deporte y la música”. La pareja se conoció en 2000, en los Juegos Olímpicos de Sídney (Australia), patria natal de ella, y se casaron en Copenhague en 2004. Tienen cuatro hijos que forman la primera línea sucesoria: Christian (18 años), Isabella (16) y los mellizos Vincent y Josephine (12 años). El mayor ya es popular entre los daneses.

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La reina Margarita de Dinamarca, el príncipe Christian y el heredero al trono, el príncipe Federico, en el balcón del palacio de Amalienborg, en Copenhague, el pasado 15 de octubre.
La reina Margarita de Dinamarca, el príncipe Christian y el heredero al trono, el príncipe Federico, en el balcón del palacio de Amalienborg, en Copenhague, el pasado 15 de octubre. Patrick van Katwijk (Getty Images)

Federico André Henrik Christian, príncipe de Dinamarca y conde de Monpezat por la línea paterna, nació el 26 de mayo de 1968. Hijo de la reina Margarita y de su esposo, el príncipe Enrique, de origen francés, tiene un hermano menor —el príncipe Joaquín— y estudió en su país y en Francia. Licenciado y máster en Ciencias Políticas por la universidad danesa de Aarhus, asistió también un año a clase en la universidad estadounidense de Harvard. Como ocurre con otras casas reinantes europeas, ha sido instruido en las academias militares de tierra, mar y aire. Según la página web de la Casa Real, “es comandante de la marina y coronel en los otros dos ejércitos, y sigue activo en el terreno de la defensa”. Además de danés, habla inglés, francés y alemán, y a su inclinación por el medioambiente suma la pasión por el deporte. La Carrera Real, en la que participa, reúne todos los años a cerca de 80.000 ciudadanos ordinarios y es uno de los mayores eventos de su clase a escala nacional.

La buena relación que mantiene hoy con su madre contrasta con el malestar mostrado durante su juventud con la atención mediática derivada de su destino como futuro rey. En esa época, lamentó también la supuesta lejanía de sus padres, más concentrados en sus deberes reales que en sus dos hijos. Una crítica similar a la dirigida por el rey Carlos III del Reino Unido a sus progenitores, la reina Isabel II y el príncipe Felipe de Edimburgo, ambos fallecidos. Con el tiempo, los herederos danés y británico han suavizado sus reproches, sobre todo porque los afanes de sus vidas privadas han generado también tensiones en el seno de sus hogares.

“Madre e hijo son muy cercanos. Sí ha habido una crisis entre la reina y su segundo hijo, Joaquín, por la retirada de los títulos de príncipe a los hijos de este”, admite Olden-Jorgensen. Fue un paso acorde con el ajuste hecho por otras casas reales europeas respecto al número de sus miembros en ejercicio y receptores de fondos públicos. “En el caso danés, no se hizo de forma elegante y ello causó dolor al hijo y a los nietos. Se gestionó mal y sin tacto”. A partir de ahora, Nicolás, Félix, Henrik y Athena —hijos del príncipe Joaquín; los dos mayores, de su primer matrimonio— podrán decidir libremente su futuro sin que sus actos repercutan en la monarquía. ¿Qué pasará con Joaquín? “Vive en Estados Unidos [junto con su esposa, la princesa Marie, y sus dos hijos menores] y creo que seguirá en el extranjero. De alguna manera, no ha sabido encontrar su lugar en Dinamarca, aunque ser el segundo en una Casa Real nunca es fácil”, sugiere el mismo experto.

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