Moscu Por que las sanciones a Rusia no provocan que ITB BARQUISIMETO 18/04/2024

“Rusia es una gasolinera que se hace pasar por un país”, decía el fallecido senador estadounidense John McCain en 2014. “Es cleptocracia, es corrupción. Es una nación que depende del gas y del petróleo para mantener su economía, y por ello las sanciones económicas son importantes”, manifestaba el político norteamericano en el año en que el Kremlin se anexionó ilegalmente Crimea y prendió la chispa en Donbás. En aquel momento se aplicaron sanciones simbólicas a Rusia. Una década después, a punto de cumplirse dos años de la guerra, las baterías de restricciones empleadas contra Rusia por la invasión total de Ucrania son muchísimo más duras, pero no han hecho sucumbir al país como se decía, aunque han frenado su potencial bélico. Las grandes amenazas para 2024 son la inflación y la devaluación del rublo.

Aquellas palabras de McCain siguen molestando al Gobierno ruso. La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, volvió a recordarlas esta semana al afirmar que se trató de una declaración “rusofóbica”, y acusó a Estados Unidos de “ser una gasolinera más compleja: una con una impresora de dinero integrada” (en referencia a su política monetaria).

En opinión del economista Vladislav Inozémtsev, fundador del Centro de Estudios Postindustriales de Moscú, aquella simplificación de McCain resume el gran fallo cometido con las sanciones. “El principal error de los expertos y políticos occidentales ha sido montarse cuentos de hadas de que toda la economía rusa es estatal”, dice al otro lado del teléfono este experto independiente antes de proseguir: “Se aplicaron sanciones asumiendo que era una economía estatal nada flexible y por ello colapsaría rápidamente. Pero fue un error, porque la economía rusa es en gran medida una economía de mercado”.

El gasto militar ruso ronda el 6% del producto interior bruto (PIB), aproximadamente el mismo porcentaje que durante la primera legislatura del expresidente estadounidense Ronald Reagan, de 1981 a 1985. “Y nadie diría que la economía norteamericana era de guerra”, hace énfasis Inozémtsev, que recalca que el sector público ruso se concentra en grandes empresas de enormes ingresos ingresos presupuestarios, pero en términos de empleo muy pequeñas.

A diferencia del colapso de la URSS y su economía planificada, “las empresas privadas rusas se han buscado la forma de sobrevivir ante las sanciones y se han lanzado a crear nuevos canales de venta y cadenas de suministros”, añade Inozémtsev. Por ejemplo, a través de las importaciones ilegales por países no occidentales.

Las autoridades rusas esperan un crecimiento en torno al 3,2% del PIB este año. “”El 3% es una tasa de crecimiento insuficiente, debería ser más alta, todo el mundo lo entiende, hay que compensar muchas diferencias”, reconoció recientemente el portavoz del presidente ruso, Dmitri Peskov.

La agencia de calificación rusa AKRA -las occidentales ya no operan en el país- coincide con el pronóstico del Kremlin para 2023, pero prevé que el crecimiento ruso se estancará hasta la horquilla del 0,5%-1,3% el próximo año, frente al 1,4% que pronostica el Gobierno ruso. Uno de los motivos, la incapacidad para encontrar trabajadores (el paro es del 2,4%) debido a la movilización militar y al éxodo de rusos e inmigrantes por la guerra. Otro, la inflación y los elevados tipos de interés del banco central. “Lo más probable es que aumente el ahorro en los hogares”, advierte la compañía.

“Por ahora no esperaría muchos sobresaltos en el próximo año. El salario mínimo aumentará un 18,5%, la construcción avanza por el Gobierno. Subvenciones. Putin quiere ampliar el programa de hipotecas preferenciales. Es decir, todo sugiere que hay mucho dinero en la economía, y eso impulsará el gasto público y apoyará el crecimiento económico”, advierte Inozentsev, aunque con prudencia: “Si no hay sorpresas porque no sabemos qué hará Putin después de las elecciones. Quizás anuncie una nueva movilización, quizás se intensifique la guerra en Ucrania”.

Janis Kluge, experto en economía del Instituto Alemán para Asuntos Internacionales y de Seguridad, concluye en un pormenorizado análisis publicado por el think tank Riddle que 2024 será la prueba de fuego del sistema ruso tras dos años, 2022 y 2023, salvados gracias a las reservas acumuladas antes y los ingresos extra obtenidos al inicio de la invasión gracias al shock en los precios internacionales del gas y del petróleo que la ofensiva provocó.

“2022 fue un año históricamente beneficioso para Rusia, la economía no siempre es justa”, afirma Kluge. Además, la fuerte devaluación de la moneda rusa desde la segunda mitad de este año (de 66 rublos por dólar a 90 ahora) debido a la escasa entrada de dólares y euros ha ayudado a las arcas del Kremlin, que paga en rublos a sus ciudadanos, y ha solventado así (y por la reorientación de su mercado a India y otros países) el tope al precio del petróleo ruso impuesto Occidente. “Estos son los motivos por los que el Ministerio de Finanzas estima que el déficit real de 2022 y 2023 ha sido del 0,7% y 2,7% del producto interior bruto. La situación empeoró claramente en 2023″, apunta Kluge.

Los gastos y los ingresos han aumentado un 10% sobre lo previsto este año. Los gastos, en torno a 33 billones de rublos, se conocerán definitivamente este diciembre, mes en el que se ejecuta una gran proporción de ellos, pero también han aumentado los ingresos hasta los 28,7 billones de rublos. Compararlos en euros carece de sentido porque un salario medio ruso, 52.000 rublos en verano -532 euros-, según el principal banco del país, Sberbank, tiene un mayor poder adquisitivo en el mercado ruso que fuera.

El problema para el Kremlin es que esta devaluación puede favorecer su presupuesto militar, pero al mismo tiempo aumenta la presión sobre su población. “El 35% de los productos o los recursos para producirlos son importados”, hace énfasis Inozentsev. “Se ha agotado el límite para que el rublo caiga y la inflación no aumente. Las autoridades harán todo lo que esté a su alcance para mantener el tipo de cambio en el nivel actual. A menos que quieran una inflación grave, que es lo que temen”, apunta el economista, que estima un cambio de 115 rublos por dólar este año si la situación es estable.

No obstante, el Kremlin no tiene todo bajo control: pese a los recortes de la OPEP+, en los últimos meses, y espoleado por la guerra de Gaza, el barril Brent ha caído de casi 100 dólares a 75. “Rusia se ha vuelto mucho más vulnerable a los vaivenes del petróleo”, afirma Kluge. “Si los precios caen, el rublo se devaluará drásticamente y será cada vez más difícil defender la moneda”, señala antes de hacer hincapié que ello conllevaría enormes recortes de gasto: “Y en una época de gasto militar al alza, cualquier consolidación fiscal será aún más dolorosa para la población”.

El Gobierno ruso espera acabar el año con una inflación oficial del 8%. Según la agencia de estadísticas Rosstat, los precios de los bienes de consumo han aumentado un 6,7% entre enero y octubre. Sin embargo, un estudio de la plataforma de expertos Romir sitúa en el 20,4% el encarecimiento real de la cesta de la compra en ese periodo, y en un 47,9% desde el inicio de la guerra en febrero de 2022.

El Kremlin ha impuesto su política monetaria al banco central ruso. Aunque el organismo esgrimía que la devaluación del rublo se debe a la demanda de dólares y euros, ha acatado órdenes y ha elevado los tipos de interés hasta el 16%, el último punto porcentual la pasada semana. Asimismo, también ha asumido riesgos como prestar rublos al Gobierno con los fondos congelados por Occidente como contraparte. En total, la masa monetaria ha aumentado alrededor de un 23% desde que comenzó la guerra.

En opinión de los expertos, algunas sanciones han funcionado (la industria aérea apenas ha producido un par de aviones Superjet-100 este año y en diciembre sus aerolíneas han encadenado un incidente grave aéreo prácticamente a diario), mientras que otras, como las de los hidrocarburos, han servido a sus objetivos a medias. “Lo que dijo McCain de las gasolineras fue terrible”, dice Inozémtsev.

“De hecho, aquí se cometió un gran error porque una gasolinera es algo muy necesario, todo el mundo pasa por ella todos los días. Si pensaba que era posible asestar un duro golpe a las exportaciones con sanciones, era bastante ingenuo”, manifiesta el economista ruso, quien concluye que “cada paquete de sanciones nuevo provoca cada vez más controversia y cada vez menos efecto, por lo que pondría fin a estas conversaciones y me centraría en el apoyo financiero y militar a Ucrania”.

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