El senador Iván Cepeda posa para un retrato en el Congreso de la República en Bogotá, el 16 de noviembre de 2022.
El senador Iván Cepeda posa para un retrato en el Congreso de la República en Bogotá, el 16 de noviembre de 2022.Diego Cuevas

La figura encorvada y sigilosa de Iván Cepeda camina por un patio de columnas gruesas rodeado de murales que escenifican la violenta revolución mexicana. En las paredes del viejo colegio de San Ildefonso, en el centro histórico de la Ciudad de México, Diego Rivera y José Clemente Orozco inmortalizaron el deseo de cambio de los hombres. Cepeda (Bogotá, 60 años), que viste esta mañana con su característica camisa de cuello mao, ha dedicado su vida entera a este cometido. El presidente Gustavo Petro confía plenamente en él para lograr un acuerdo que desmovilice al ELN, la última guerrilla de Latinoamérica. Cepeda, sin embargo, cree que del proceso de paz debe surgir algo todavía mayor, algo inédito en la historia de Colombia: un gobierno de concertación nacional al estilo de otros países que han sufrido una violencia brutal, como Irlanda del Norte.

—¿Cuándo podría llegarse a ese acuerdo, después del mandato de Petro?

— Veríamos cuándo. Eso no tiene fechas, pero es una posibilidad.

Cepeda atiende a esta entrevista en una banco de piedra, poco después de haberse anunciado que el Gobierno y el ELN han acordado la agenda que servirá de hoja de ruta para la negociación, que continuará en La Habana, Cuba. Algún día esta historia quizá decore las paredes.

Pregunta. Ahora que se ha establecido la agenda todo debería acelerarse. ¿Entramos en un tiempo de mayor concreción?

Respuesta. La nueva agenda para la paz de Colombia no es solo un listado de temas, es una visión para el país. Lo que hace el preámbulo de esta agenda es mostrar que, a diferencia de otros procesos que se han dado en el pasado, el problema no solo consiste en un acuerdo entre el Gobierno y el ELN, sino que se trata de convocar al país a lo que hemos llamado un gran acuerdo nacional. Es una visión de paz distinta, en la que se intenta algo que ha sido esquivo en Colombia: un pacto nacional.

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P. ¿El ELN comparte esta visión global de país o está más enfocado en lo regional, en los territorios donde tiene presencia?

R. El ELN está de acuerdo y en otras épocas lo ha planteado. Durante mucho tiempo insistió en una figura que era la convención nacional, es decir, una instancia para citar a todos los sectores que pudiera contribuir a ese propósito del acuerdo. Pero por supuesto, ese proceso también incluye a los territorios, incluye las transformaciones, las voces y la participación de las comunidades. La agenda dice claramente que necesitamos que a medida que vaya escalando la política se vaya desescalando el enfrentamiento militar. Para que el cese bilateral, primero de fuego, y esperamos que pronto de hostilidades, se vaya traduciendo en una realidad.

P. ¿En cuánto tiempo calcula que podría darse ese cese al fuego?

R. No partimos de cero, sino de una experiencia acumulada por parte del ELN. En el año 2017, el ELN realizó un cese por 101 días que fue exitoso. También el Gobierno y los militares que están presentes como observadores en la mesa vienen de ese proceso y algunos de la negociación con las FARC. Traen todo un acumulado de experiencia militar en ceses de fuego y hostilidades.

P. El cese de hostilidades va más allá de un silenciamiento de las armas.

R. El de hostilidades es un concepto mucho más amplio. El concepto de fuego se restringe a los enfrentamientos ofensivos entre las fuerzas confrontadas, entre la guerrilla y las fuerzas militares y policiales. Las hostilidades es una gama de acciones que implican muchas veces el ataque contra la población u objetivos civiles. Es un concepto al cual se llegará de una manera gradual, progresiva.

P. El ELN concretaría un alto al fuego con el Gobierno, ¿pero sería posible lograr uno de mayor envergadura que incluya a las disidencias de las FARC o el clan del Golfo?

R. Eso no está contemplado.

P. ¿No le ha extrañado que el ELN no pida una Asamblea constituyente, como han hecho otras guerrillas que se han sentado a negociar con el Estado?

R. No, me parece que es un signo de comprender que no todo se restringe a figuras jurídico-legales, que se ha demostrado en otra época que no resuelven los problemas. De nada sirven las constituyentes si no tenemos su base en un pacto nacional como el que proponemos. Aquí es más importante el pacto que la figura legal jurídica.

P. Ese pacto sale de esta negociación, pero se tendría que sumar a él el resto de la sociedad.

R. El pacto puede plasmarse en un gobierno. La figura que se emplea en la nueva agenda es que requerimos de una alianza política y social para un acuerdo nacional. ¿En qué se plasma esa alianza? Podría ser en un gobierno o en varios gobiernos nacionales, y también territoriales, de concertación.

P. ¿A partir del Gobierno de Gustavo Petro?

R. Veríamos cuándo. Eso no tiene fechas, pero es una posibilidad. Eso obviamente emerge del diálogo y de la participación. Más allá de una Constituyente, que es una figura que se ha vuelto un cliché, esto requiere que haya una verdadera concertación del país, de sus fuerzas disuasorias, de los poderes, en lo nacional y lo territorial, capaces de transformar. En otras partes se ha hecho.

P. ¿En qué espejo se mira?

R. En Irlanda del Norte, donde había un gobierno de concertación. A mí me impactó mucho una visita en la que fuimos a conocer el proceso de Irlanda. Nos recibieron el primer ministro y el viceprimer ministro. Uno era Mcguinness, que era el jefe del IRA, un hombre católico, independentista; y el otro señor, no recuerdo su nombre, que era loyalista, ultraconservador, que había estado también involucrado en la confrontación armada. Y me sorprendió mucho que ambos dijeron que, a pesar de que no se tenían mucha empatía personal, gobernaban juntos un país. Eso me marcó mucho. ¿Por qué en Colombia no podríamos hacerlo? En Colombia siempre se decía que nunca iba a gobernar un exguerrillero y hoy tenemos a uno. ¿Por qué no soñar con una alianza que junte a todos? Esto es una visión personal, son ideas mías.

P. La semana pasada, el presidente tuvo unos días muy movidos, con muchos problemas cercando su Gobierno. ¿Esa inestabilidad permea la negociación y el ELN la utiliza para presionar?

R. No, no hay tal cosa. Nuestras discusiones giran sobre asuntos de fondo: el reconocimiento político del ELN, su reconocimiento legal y jurídico, la agenda, sus puntos, las visiones del cese… Los temas políticos y cómo está el Gobierno no afecta. No vemos en la delegación del ELN ningún ánimo de utilizar esos elementos para generar resultados en la mesa.

P. ¿Qué ha sentido cuando Francia Márquez le ha dicho hoy aquí a los dirigentes del ELN que es la primera vez que les ve a los ojos y no siente miedo?

R. Francia habla como una luchadora social que ha defendido su territorio, que ha construido la paz con su comunidad. Entonces creo que tiene toda la autoridad moral para hablar en un escenario como este y ser escuchada con mucho respeto y mucha apertura, tanto de la delegación del ELN como la del Gobierno.

P. ¿Tiene a veces la sensación de que el ELN trata de imponer su visión utópica del mundo?

R. Veo que estamos construyendo una visión compartida.

P. ¿Cómo se pueden sortear asuntos como que el ELN crea en una democracia directa si en Colombia hay una representativa?

R. Ellos tienen una visión crítica de la democracia actual en Colombia, pero no desechan la democracia representativa como una posibilidad. No se ven en el Congreso de la República, pero sí en los poderes locales. Eso lo han dicho. Obviamente, entienden que el Estado existente hoy en Colombia es una realidad que no se va a borrar con un acuerdo. Tendremos que hacerle reformas y construir realidades dentro de la legalidad que ofrece ese sistema. El ELN tiene una visión bastante madura con relación al tipo de Estado y modelo en el que estamos. Por supuesto, es muy crítico frente a eso. Considera que esos espacios están corroídos por la corrupción.

P. Ahora que está la hoja de ruta, ¿en qué puede convertirse el ELN?

R. Creo que probablemente se convierta en una fuerza política. A eso apunta todo, pero ellos también hablan de que son una fuerza social y que tienen en los territorios una presencia.

P. Hablan ustedes de acabar con el paramilitarismo. ¿Eso entra dentro de la paz total de Petro?

R. Eso es la Constitución de Colombia. Hay un artículo, el 22a, que prohíbe el paramilitarismo.

P. Pero aquí dicen erradicar…

R. De eso se trata, de acabar con él.

P. ¿Pero eso se puede llevar a cabo durante las negociaciones?

R. Eso es un deber del Estado. El Estado está comprometido con eso, no puede poner en duda sus deberes. Esta delegación no hace como otras delegaciones de Gobierno en mesas de negociaciones, que convertían sus deberes en un pulso con su contraparte. La Constitución dice que es un delito crear grupos paramilitares, sostenerlos, apoyarlos, financiarlos, alentarlos. Es el deber de Gobierno acabar con el paramilitarismo. No es un asunto que esté sujeto ni a negociación, es un deber.

P. Cuando hablan ustedes de la participación de la sociedad, ¿cómo se puede concretar?

R. Es el primer punto de la agenda. Vamos a diseñarla con la gente. Se puede concretar de múltiples formas, no un solo modelo. Habrá uno en los territorios, en los sectores sociales y también va a haber una participación nacional en la construcción del acuerdo. Así que iremos diseñando los mecanismos para eso. Se ha dicho que se trata de una participación vinculante y transformadora, es decir, eso no es solo que la gente haga unas propuestas, no. Aquí hay algo más. Quiere decir que la gente enuncie unas peticiones, pero que también participe en la ejecución y gestión de las políticas.

P. Llegará el momento en el que toque implementar el acuerdo y asegurar la seguridad de los guerrilleros desmovilizados. ¿Cómo lograr esto último si ha habido muchos exmiembros de las FARC asesinados?

R. Llegaremos a ese momento y nos aplicaremos.

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